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miércoles, 14 de abril de 2010

Maestra Artemia Desastre

Aquí, en mi casa, me siento perdida. Sin sentido. Tal vez no lo tenga en ninguna parte. O mejor, quizás no haya que pararse a buscarlo, tal vez lo suyo sea el movimiento, la acción. Sea cual sea, la acción llena el tiempo, gratifica. Es difícil saber qué tenemos que hacer. Nos preguntamos una y otra vez. Pero no hay respuesta. Dicen que es de ser inteligente saber inventar metas. Estoy de acuerdo. Inventemos pues. ¡Ah, no es fácil!. Así que camino y voy viendo mundo. Convencida que no tengo misión alguna, ni destino ni ocho cuartos. Que soy ligera como la espuma. Puedo entregarme al escapismo y correr por el planeta como si me fuera la vida en ello. Mientras me muevo, hago algo a parte de preguntarme ¿qué hago?

martes, 23 de marzo de 2010

Maestro NEPOMUCENO EBENDORFER

En un entorno de un laicismo beligerante, que es la respuesta a la instrumentalización consentida de las religiones. El culto al anti dogmatismo se convierte en un totalitarismo de igual calaña que el que quiere destruir. La diosa razón justificadora del cientifismo materialista, nos desvirtúa para siempre. De ahí, no puede salir nada bueno. La voluntad depravada a la condición enajenada del instinto primordial, virginal y salvaje. ¡Dejar hablar a Dionisio!. Escuchar la sin razón disparatada de los delirios nietzscheanos. Obedecer la voz del universo, volver a los brazos de la vida.
Ciencia y especulación. Ignorancia y crisis económica. El cosmos no es un jardín con el que jugar, ni una fiera que domesticar. Es el tejido intrínseco de nuestra biología.
Mientras que hippies y románticos hilan poemas utópicos, los no-soñadores destruyen minuciosamente nuestro entorno con el beneplácito de la buena gente.
¡Qué mundo más feo!

lunes, 22 de febrero de 2010

AMALAR NOEMAS

En el ecuador del invierno el sol va coloreando, cuando le dejan las nubes, la tierra y los arboles. La lluvia ha tirado los pétalos del almendro. Las ramas se sacuden y se limpian. Hace frio pero se huele a primavera. Es la hermosura del levante mediterráneo.
El eterno retorno aparece en la conciencia haciendo visible el poderío de la naturaleza, y nuestra insignificancia. La racionalidad y sus conquistas, el arte y sus desvelamientos. ¿Qué son frente a la inmensidad del cosmos?. Menos que nada. Tal vez, si miráramos desde la nave de C. Sagan, en las profundidades del océano cósmico. Todo carecería de importancia y nos inundaría esencialmente el universo. O tal vez, no todo es “visible” para todos. ¿Qué es “eso” que llamamos sensibilidad?. Hay diferencias, pero ¿tan notables como para que uno sea ecologista y otro especulador de suelo?. Dónde este el clic que explica esta diversidad, la causa de tanta irracionalidad. No estoy tratando nada moral. No me interesa la taxonomía. Quiero observar como el científico al ratón. ¿Qué hace que un humano se funda y disfrute la naturaleza y otro no?. El hábito juega su papel. Durante milenios la naturaleza ha sido un imprevisible enemigo que había que dominar. Ahora sabemos que no es domesticable. Que no hay dioses a los que sacrificar o rezar. Alguno habrá visto su perdición en Haití por la TV. Todos hemos visto geniales epopeyas bélicas por la defensa de cualquier noble “valor”. Pero sabemos, que lo que nos han contado de esas guerras ha estado manipulado conscientemente para servir a intereses privados. Es evidente que la guerra es un negocio, el más grande. Es Matrix real, es la teoría de la conspiración. Estamos en manos de enormes empresas contra las que nada se puede. La política es una farsa, porque también los políticos son esbirros de tan descomunales leviatanes. Nos roban el tiempo, la naturaleza, la poesía, la esperanza, la fraternidad y todo lo bueno que la humanidad llegó a soñar.

sábado, 30 de enero de 2010

Maestro ARTURO PÉREZ REVERTE

La Educación en España
Cuadrilla de golfos apandadores, unos y otros. Refraneros casticistas analfabetos de la derecha. Demagogos iletrados de la izquierda. Presidente de este Gobierno. Ex presidente del otro. Jefe de la patética oposición. Secretarios generales de partidos nacionales o de partidos autonómicos. Ministros y ex ministros –aquí matizaré ministros y ministras – de Educación y Cultura. Consejeros varios. Etcétera. No quiero que acabe el mes sin mentaros –el tuteo es deliberado – a la madre. Y me refiero a la madre de todos cuantos habéis tenido en vuestras manos infames la enseñanza pública en los últimos veinte o treinta años. De cuantos hacéis posible que este autocomplaciente país de mierda sea un país de más mierda todavía. De vosotros, torpes irresponsables, que extirpasteis de las aulas el latín, el griego, la Historia, la Literatura, la Geografía, el análisis inteligente, la capacidad de leer y por tanto de comprender el mundo, ciencias incluidas. De quienes, por incompetencia y desvergüenza, sois culpables de que España figure entre los países más incultos de Europa, nuestros jóvenes carezcan de comprensión lectora, los colegios privados se distancien cada vez más de los públicos en calidad de enseñanza, y los alumnos estén por debajo de la media en todas las materias evaluadas.
Pero lo peor no es eso. Lo que me hace hervir la sangre es vuestra arrogante impunidad, vuestra ausencia de autocrítica y vuestra cateta contumacia. Aquí, como de costumbre, nadie asume la culpa de nada. Hace menos de un mes, al publicarse los desoladores datos del informe Pisa 2006, a los meapilas del Pepé les faltó tiempo para echar la culpa de todo a la Logse de Maravall y Solana –que, es cierto, deberían ser ahorcados tras un juicio de Nuremberg cultural – pasando por alto que durante dos legislaturas, o sea, ocho años de posterior gobierno, el amigo Ansar y sus secuaces se estuvieron tocando literalmente la flor en materia de Educación, destrozando la enseñanza pública en beneficio de la privada y permitiendo, a cambio de pasteleo electoral, que cada cacique de pueblo hiciera su negocio en diecisiete sistemas educativos distintos, ajenos unos a otros, con efectos devastadores en el País Vasco y Cataluña. Y en cuanto al Pesoe que ahora nos conduce a la Arcadia feliz, ahí están las reacciones oficiales, con una consejera de Educación de la Junta de Andalucía, por ejemplo, que tras veinte años de gobierno ininterrumpido en su feudo, donde la cultura roza el subdesarrollo, tiene la desfachatez de cargarle el muerto al «retraso histórico». O una ministra de Educación, la señora Cabrera, capaz de afirmar impávida que los datos están fuera de contexto, que los alumnos españoles funcionan de maravilla, que «el sistema educativo español no sólo lo hace bien, sino que lo hace muy bien» y que éste no ha fracasado porque «es capaz de responder a los retos que tiene la sociedad», entre ellos el de que «los jóvenes tienen su propio lenguaje: el chat y el sms». Con dos cojones.
Pero lo mejor ha sido lo tuyo, presidente –recuérdame que te lo comente la próxima vez que vayas a hacerte una foto a la Real Academia Española – Deslumbrante, lo juro, eso de que «lo que más determina la educación de cada generación es la educación de sus padres», aunque tampoco estuvo mal lo de «hemos tenido muchas generaciones en España con un bajo rendimiento educativo, fruto del país que tenemos». Dicho de otro modo, lumbrera: que después de dos mil años de Hispania grecorromana, de Quintiliano a Miguel Delibes pasando por Cervantes, Quevedo, Caldos, Clarín o Machado, la gente buena, la culta, la preparada, la que por fin va a sacar a España del hoyo, vendrá en los próximos años, al fin, gracias a futuros padres felizmente formados por tus ministros y ministras, tus Loes, tus educaciones para la ciudadanía, tu género y genera, tus pedagogos cantamañanas, tu falta de autoridad en las aulas, tu igualitarismo escolar en la mediocridad y falta de incentivo al esfuerzo, tus universitarios apáticos y tus alumnos de cuatro suspensos y tira p’alante. Pues la culpa de que ahora la cosa ande chunga, la causa de tanto disparate, descoordinación, confusión y agrafía, no la tenéis los políticos culturalmente planos. Niet. La tiene el bajo rendimiento educativo de Ortega y Gasset, Unamuno, Cajal, Menéndez Pidal, Manuel Seco, Julián Marías o Gregorio Salvador, o el de la gente que estudió bajo el franquismo: Juan Marsé, Muñoz Molina, Carmen Iglesias, José Manuel Sánchez Ron, Ignacio Bosque, Margarita Salas, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, Francisco Rico y algunos otros analfabetos, padres o no, entre los que generacionalmente me incluyo.
Qué miedo me dais algunos, rediós. En serio. Cuánto más peligro tiene un imbécil que un malvado.

domingo, 3 de enero de 2010

De nuevo la Universidad Católica de Murcia se deja ver


Levante-EMV, Valencia
Cañizares recibió 26.000 euros de la UCAM para un coche oficial. Mendoza donó más de 73.000 euros a dos arzobispos valencianos
El presidente de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), el empresario José Luís Mendoza a quien se atribuye una gran amistad con el papa Benedicto XVI, ha donado en diferentes periodos más 73.000 euros a los arzobispos de origen valenciano Antonio Cañizares y Manuel Ureña, lo que contrasta con su manifiesta enemistad con el que hasta hace unos días fue el responsable de la diócesis de Cartagena, Juan Antonio Reig Pla, informa La Opinión de Granada. El actual prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en el Vaticano, Antonio Cañizares, ha recibido generosas donaciones personales de Mendoza. En concreto, 51.000 euros, de los que 26.618 fueron en 1998 para un vehículo oficial cuando el cardenal era arzobispo de Granada y administrador de la Diócesis de Cartagena. Así figura en la documentación, bajo el concepto de "coche" que recoge las donaciones de la UCAM entre 1998 y 2002. Son tres pagos fechados entre el 21 de julio y el 4 de agosto de 3.000, 22.177 y 1.441 euros. Fuentes ligadas a la Diócesis de Granada explicaron que Cañizares, cuando llegó a la ciudad andaluza, tenía un Alfa Romeo aunque luego cambió a un Audi blanco con el que tuvo un violento accidente y que fue declarado siniestro total.
En dicho documento, figura también una donación posterior de seis mil euros a nombre de Cañizares del 26 de enero de 2000. El 10 de octubre de 2001 recibió otros 1.500 euros, mientras que el 17 de abril de 2002 la UCAM ordenó otra donación por valor de 15.000 euros para el cardenal. En el listado aparecen dos pagos más de mil euros cada uno fechados el 30 de abril de 2002 y el 26 de julio del mismo año. Todos ellos son de carácter nominativo, o por lo menos así aparecen en la lista, ya que al margen de estas donaciones, la UCAM también dio otros 24.000 euros al Arzobispado de Granada, el 23 de marzo y 30 de junio del 2000.
Cañizares es uno de los grandes apoyos de Mendoza entre la jerarquía eclesiástica. También lo es el arzobispo de Zaragoza, Manuel Ureña, que igualmente fue objeto de frecuentes donaciones. En su caso, de carácter periódico y "personal", tal y como se puede leer textualmente en la documentación.
Entre abril de 2001 y julio de 2002, figuran seis pagos de tres mil euros cada uno. Junto al apunte contable aparece, entre paréntesis, la palabra "personal". Además, hay otras dos donaciones de 1,500 y 1.600 euros. Aparte de las entregas a Ureña, la UCAM donó 18.000 euros a la diócesis de Cartagena y otros 120.000 para las obras de rehabilitación del Palacio Episcopal.
Tanto Mendoza como Cañizares y Ureña no han respondido a las llamadas para confirmar esta información que está documentada.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Maestro Arturo Pérez Reverte

Paso a menudo por la carrera de San Jerónimo, caminando por la acera opuesta a las Cortes y a veces coincido con la salida de los diputados del Congreso. Hay coches oficiales con sus conductores y escoltas, periodistas dando los últimos canutazos junto a la verja y un tropel de individuos de ambos sexos, encorbatados ellos y peripuestas ellas, saliendo del recinto con los aires que pueden ustedes imaginar. No identifico a casi ninguno y apenas veo los telediarios; pero al pájaro se le conoce por la cagada.
Van pavoneándose graves, importantes, seguros de su papel en los destinos de España, camino del coche o del restaurante donde seguirán trazando líneas maestras de la política nacional y periférica. No pocos salen arrogantes y sobrados como estrellas de la tele, con trajes a medida, zapatos caros y maneras afectadas de nuevos ricos. Oportunistas advenedizos que cada mañana se miran al espejo para comprobar que están despiertos y celebrar su buena suerte. Diputados, nada menos. Sin tener, algunos, el bachillerato. Ni haber trabajado en su vida. Desconociendo lo que es madrugar para fichar a las nueve de la mañana, o buscar curro fuera de la protección del partido político al que se afiliaron sabiamente desde jovencitos. Sin miedo a la cola del paro. Sin escrúpulos y sin vergüenza. Y en cada ocasión, cuando me cruzo con ese desfile insultante, con ese espectáculo de prepotencia absurda, experimento un intenso desagrado; un malestar íntimo, hecho de indignación y desprecio. No es un acto reflexivo, como digo. Sólo visceral. Desprovisto de razón. Un estallido de cólera interior. Las ganas de acercarme a cualquiera de ellos y ciscarme en su puta madre.
Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.