
Para la naturaleza es naturaleza; para los valores sociales convencionales puede ser una tragedia. De nuevo vemos la represión sexual causando la exclusión, la infelicidad y la enfermedad. Los valores humanos son piezas de oro de la cohesión ciudadana. Esa es su honorable función, si acaso podemos añadirle el, no menos honorable, deber de buscar la felicidad personal y colectiva de la ciudadanía. La instrumentalización de los valores en función de intereses económicos es ruin, pero lo que clama al cielo, es la absurda obcecación con la sexualidad. La riqueza de la naturaleza es la biodiversidad. El sexo es un “acuerdo” y eso es su humanidad. Cualquier otra limitación es absurda.